miércoles, 3 de febrero de 2010

El Palacio del Músico BIS

Ante las dificultades para leer el "Quincecálogo" en su versión facsimilar, espero que esta transcripción, haciendo click en la imagen para agrandarla, pueda ser útil para apreciar esta joya literaria. Nuevamente, de nada.

El "PALACIO DEL MÚSICO"

¿Realismo Mágico o Leyenda Urbana?
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-Oiga, maestro: ¿no tiene algo de vidrio para comer?
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El "Palacio del Músico" estaba plagado de carteles tipo 'Si no tiene nada que hacer, no lo venga a hacer aquí', 'Hoy no se fía, mañana veremos', etc., etc. Yo, que vivía en pleno shmOnce, a tres cuadras, como tantos otros vagos me hacía el desentendido y pasaba horas y días ahí.
Trataba -infructuosamente, claro- que le cambiaran el nombre por "El Palacio del Klezmer", que yo consideraba más acorde y atractivo dada la ubicación del rasposo local -Junín 372, entre Corrientes y Sarmiento- en las proximidades del 'Ídishe Catering Brusilovsky', de 'Szmedra, el Rey David del Pastrom Caliente', la Hebraica, 'Asturias' -el bar de los mozos paisanke-, el 'Mini Bar' -lugar de rasque de los pendex de la SHA sin auto-, una constelación de compra/ventas tipo 'Las Tres Bolas', igualitas a la que había sido el 'Palacio del Sagrado Saco Inmaculado', de Don Percán Senior.
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Cofundadores, en 1955, del grupo "The Swing Timers", el 'Negro' González y Mauricio Percán unieron sus juveniles y enérgicos entusiasmos para dedicarse a comerciar instrumentos musicales y otras menudencias. Para empezar, ¿qué sitio era el más indicado (y barato...) ?: la decadente "Percan's Clothes".
Resignado, el padre de Mauricio los dejó hacer. Para qué...
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En el boliche las tardes transcurrían plácidamente entre charlas jocosas, anécdotas frescas de la noche anterior, comentarios mordaces sobre las aptitudes musicales de colegas ausentes, delirios contractuales de utópicas giras mundiales, y lectura de ojito del último best seller de Sam Lerman: "Cómo aprender a tocar la batería. Sin música, sin notas, sin maestro".
Sam era también el pergeñador del rígido y disciplinante "Quincecálogo del Palacio del Músico", obra cumbre del ingenio mediterráneo -de la provincia de Córdoba-, que NO ha perdurado hasta nuestros días.



Soy privilegiado poseedor de un ejemplar original, y para beneplácito y culturización de ustedes, amables seguidores míos, lo reproduzco facsimilarmente. (Click sobre la imagen para ampliarla. De nada.)

Cada tanto, raramente, caía algún incauto que soñaba con 'la pinta de Carlos Gardel' , creyendo que bastaba con sacudir un par de maracas sin municiones, ignorando que el único que lo había logrado era Ortega (Ramón Bautista). Comprara o no comprara, el pavote era rápidamente despachado. No podíamos tolerar su interrupción de nuestra fascinante y sesuda charla 'profesional'.
Hasta que un día cayó El Fakir............................................................

Vuelvan a leer las palabras transcriptas al comienzo de este relato. Eran de rutina. Pero ningún manguero, jamás, había pedido vidrio para morfar. Así que paramos la oreja, nos miramos intrigados, y lo hicimos entrar. Era para la joda, pero el filipipón insistió: -¿Alguna lamparita vieja, algún tubito quemado, no tienen, eh? En medio de un silencio sepulcral, el Negro vio, allá arriba, entra las telarañas, una triste y solitaria bombita de 25, muerta en 1918, y que jamás a nadie se le había ocurrido reemplazar. Mauricio, el más veterano en el lugar, se trepó a un jurásico ropero provenzal, de ahí a una silla descangayada, y bajó la lamparita entre aplausos al saltimbanqui. -¿Te la enjuagamos? -dijo, comedido, alguien.



¡No, Maestro! ¡Así es más sabrosa!-, contestó el Fakir, como si la roña de cuarenta años fuera aceto y oliva. Había que verlo, concentrado, machacando y mascando la ex-luminaria, dejando el palito central, con filamento y todo, para el postre. El casquillo roscado, dijo, lo guardaba por si le agarraba apetito por las noches. Era algo.

Se quedó con hambre. Juntamos unos mangos para comprar tres lamparitas de 25 y dos tubos fluorescentes. Por su alto contenido de lípidos y Omega 3, éstos últimos eran para el quía un "Bocatto di Cardenale". Ahíto, se mandó un sonoro greptz, y pidió ir al water closet. Eso sí, aclaró cortésmente: -Si no es demasiada molestia, podrían acondicionarme la tabla con esto?"-, y sacó del bolsillo una caja de chinches Sifap x 100 unid.

Uno de los insignes concurrentes de ese inolvidable día tocaba en la orquesta estable de "Sábados Circulares", y le llevó nuestra joya en bruto al boss. Ver en acción al fakir e incluirlo en su staff de freaks fue todo uno para el inefable Pipo Mancera. El Fakir, bautizado 'Ohm-Ganges-Brahmaputra-Ohm', debutó al sábado siguiente, junto con un travesti cosaco, "Pete", perseverante tragasables, y "El Enano Más Alto de la Galaxia", acompañado por sus orgullosos progenitores. Nuestro Golden Boy les pasó el trapo a todos y quedó efectivo con contrato en blanco, obra social del Sindicato del Vidrio, cama de clavos 'King Size', proveeduría luminística y todo. El jugoso porcentaje de Representantes, cobrado por la urgentemente formada 'Fakir SRL' permitió que hoy, después de medio siglo de vida licenciosa y disipada, el Negro y Mauricio hayan podido resucitar el sórdido y húmedo sótano de "Jazz & Pop".

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A mí me quedó de por vida una culpa irredimible por no haber hecho poner en la TV un cartel advirtiendo a niños, opas, memos, lelos y demás yerbas que no intentaran imitar al Fakir "Ohm".

Por esa imperdonable omisión mía, desde entonces, los argentinos somos propensos a comer vidrio.


Collages: L.V. Se permite su reproducción.
leovigoda@gmail.com