jueves, 1 de octubre de 2009

El día que Satchmo probó los varenikes con tzíbale de mi mamá




-"Are you jew?"


Recién habíamos sido presentados por el gordito Mauri, el fotógrafo 'de la farándula' y de los casamientos, entre las bambalinas del Teatro Opera. Yo todavía temblaba de emoción por haberme sacado fotos con él cuando mi ídolo, Louis Armstrong, me espetó esa pregunta sin anestesia. Es que había notado el Maguen David, recuerdo de mi Bar Mitzvah, en el ojal de mi saco cruzado azul de la sastrería "Sheiner Shnaider".


Atiné a responderle 'yes', pero no entendía aún adónde quería ir a parar.


-"Oh, yeaaah, great!"- dijo entusiasmado con su voz bronca, mientras enjugaba con el enorme pañuelo blanco la copiosa transpiración y se aflojaba el cuello, con la trompeta en la mano luego del concierto de jazz.


Y comenzó a explicarme: en cada ciudad de sus giras buscaba un restaurant típico judío, cuyas especialidades lo apasionaban. Quería que yo le recomendara uno en Buenos Aires.


Empecé a escarbar desesperadamente en mi memoria y, de pronto, me iluminé. Con mi precario inglés tarzanesco lo invité a almorzar al día siguiente en mi casa. Sin dudarlo ni por un instante, aceptó. Mi vieja me iba a matar, pero ¿cómo iba a perderme ese increíble privilegio?


Mi padre, veterano klezmer que amaba todas las expresiones de la música, estaba retirado de los escenarios desde hacía un par de años, pero continuaba dando clases y componiendo. Cuando le conté, me aprobó enseguida y, para ir aclimatándose, me pidió que yo le pusiera algunos LP de mi héroe en el Wincofón. Él nunca había terminado de entender esa novísima y revolucionaria tecnología del bracito cambiador , o el centro opcional para los 45 rpm, sin contar el tubo de cartón forrado en 'carpenter' enchufado atrás, que él creía que transformaba al Winco en un pseudo estereofónico de última generación. (Tampoco entendía como la novísima radio 'Spica' con funda de cuero legítimo no tenía ojo mágico para sintonizar bien...)


Entretanto mi madre, aunque refunfuñando, se puso a amasar entusiastamente los varenikes que eran su orgullo.


Mi casa era una casa chorizo del Once, en un primer piso. La sala a la calle era simultáneamente living (sólo para las visitas...), comedor, sala de ensayos, luthiería de bronces, academia y todo lo imaginable, al mismo tiempo. Ahí mi padre daba lecciones de perfeccionamiento, entre otros, a un jovencito alumno de clarinete, Iósele Wakstein, ex discípulo de Leo Feidman. Era un NyC de Villa Crespo, donde vio la luz en 1944 y ahora, en 1957, tocaba ya aceptablemente el clarinete requinto. Kázaro él, como mi papá y yo, era fanático de la música klezmer, pero también había lugar en su corazón y en su oído para el hot jazz.


Ese día tenía clase pero Lázaro, mi viejo, no se la suspendió. Al contrario. Quería que Iósele también almorzara con nosotros y conociera ni más ni menos que al gran Louis Armstrong.

3 comentarios:

  1. Mazeltov Leibl, dus is a scheine bloguele...
    A kish in punem,
    Fernando Gelbard

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  2. Buenisimo el blog!!!! Me vuelvo fan de la cultura klezmer de la que no tenia idea.
    Saludos,
    Renée

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